Inconsciencia

Sigo acomodando momentos y sensaciones en mi cabeza, que se suma a la nueva tarea de ayudar a Erick en esta etapa que compartimos.

Ya empezó el colegio y la adaptación está siendo muy lenta, más que nada porque le cuesta mucho tomar hábitos totalmente distintos y hasta ahora inexistentes para él.

A fuerza de afecto, charlas y fundamentalmente paciencia vamos a conseguir el equilibrio necesario.

Volviendo al tema de “acomodar momentos y sensaciones”, encontré algo que había escrito en el orfanato, sobre como siento ayudar.

Confieso que releyéndolo noté mucha utopía, pero me refrescó el alma, fue un pañuelo fresco, húmedo, en un día de calor.

Hoy lo comparto.

 

Ensayo sobre cómo siento ayudar

La cadena de favores es finita. Si empezamos algo, y luego nos detenemos, es un final. Como las modas.

Cada eslabón sirve en un presente, pero no contribuye directamente en el futuro, tal vez lo haga por casualidad, pero inevitablemente se oxidará con el paso del tiempo y solidificará su energía con el eslabón pasado. Y le quitará su movimiento. Para terminar en el olvido.

Cada paso que se dé tiene que ser preciso.

Las ayudas tienen que ser aplicadas con razones que no se detengan, que contagien y se parezcan. Si alguien está en busca de un sentimiento, tiende a encontrar respuestas en vivencias de otro, buscando sentirse, de alguna manera, como el que en realidad lo vivió. Si esa persona encuentra tu sentimiento, van a ser dos.

Es por eso que, si queremos ayudar, lo hagamos con responsabilidad. Suenan lindas las palabras “ayuda desinteresada”, pero sin un plan, esa ayuda termina siendo como el pescado en la historia del pescador. Es efímera en un mundo sin plan para los que más lo necesitan, y no hablamos solo de pobreza material.

No creo que ayudar a una persona sea suficiente, porque no todos están interesados en dar, y está bien. El granito de arena es una frase hecha que alienta al “vago” a ayudar, es el eslabón. Sin una ayuda constante el esfuerzo pierde su sabor, no se siente igual. Ayudar es una adicción, que genera sentimientos muy fuertes y te hace creer en la gente, te da fe.

La ayuda bien aplicada contagia, llena de valor al dubitativo, de coraje al cobarde, de esperanza al perdido.

No hay una sola razón, solo hay que ser creativo.

Por eso, si proponemos una ayuda tiene que ser imitable infinitamente y en beneficio de muchos. Sino es un sueño de cabotaje. Egoísta. Y agotable.

Nunca es suficiente, por eso, cada cosa que hagamos tiene que generar una felicidad tal que nos den ganas de volverlo a hacer infinitas veces.

Una vez que encontramos la manera, hay que mostrar el sentimiento para que el que lo quiera, lo tome, lo sienta, y se contagie.

Más que de una cadena, tiene que ser la unión de sentimientos, que no es otra cosa que amor.

 

Es probable que muchos no lo sientan así.

Tampoco expongo este escrito como una realidad, al contrario, lejos estoy de entender a las personas.

Creo que fue un momento de inconsciencia, más bien, un momento sentimental.